Viejos adioses se estrenan de nuevo o sobre la peli de Rosario Castellanos

Esperé muchos meses Los adioses, sólo por ser sobre Rosario Castellanos. Sabía que la película no iba a encantarme, sabía que no podría convencerme, sabía que era imposible que lograra fascinarme como me fascina la poesía de Rosario, sus cuentos, sus ensayos, sus novelas; como me fascina su historia y su leyenda que siento en parte mías. No era posible, sin embargo quería verla, verla porque era un regalo (saber algo más de Castellanos es siempre un regalo para mí), se estrenaría además el mismo día de mi cumpleaños… Conseguir boleto no fue nada fácil, eso que se encontraba en mil salas, en horario de cada dos a tres horas.
Rosario Castellanos es una de las escrituras que más me gusta y me apasiona, es una de las 9 cuentistas mexicanas que analizamos en uno de los poquísimos cursos teóricos que doy, una de las tres escritoras que traté en mi tesis de maestría y es una de las dos -únicas- autoras a las que les dedico un curso monográfico. Rosario Castellanos es una imprescindible de las letras femeninas, feministas y mexicanas. Balún Canán, uno de los libros más entrañables que ha sido jamás escrito. Rosario Castellanos sabe hablarle a algo muy profundo y muy mío a lo que no puedo yo no responder. Por eso quería ir. Trabajé semanas en bajar mis expectativas sobre la película, sólo quería disfrutar lo que iba a ver, encontrar entre todo algo que valiera la pena y, no lo niego, algo encontré.
Los adioses es una película sobre los años que Rosario Castellanos pasó al lado de su pareja de vida, el filósofo mexicano Ricardo Guerra, un retrato borroso de su relación consabidamente malsana y codependiente. Una versión libre inspirada en algunos hechos y documentos de la vida de Rosario Castellanos, como inteligentemente advierten las realizadoras en los primeros minutos del filme.
La elección es por demás polémica, a pesar de las advertencias… Si hubiera sido por mí, hubiera abordado todos los demás años; los anteriores y posteriores: en Comitán, en San Cristóbal, Madrid, Colorado, Wisconsin y Tel Aviv, cuando se formó y se realizó como escritora, maestra y diplomática, lejos de ese hombre que tanto daño le hacía. Pero como no soy yo quién hizo la película, quiero regresar a Los adioses para dar mi opinión, pero sobretodo para reconocer el trabajo de las se atrevieron, porque también tiene su mérito. No es fácil hablar de una figura tan importante de la historia reciente de nuestro país, porque le sobreviven amigxs y colegas, familia, alumnxs de varias generaciones y sobretodo muchas admiradoras, cultas, feministas y críticas, muy críticas, de lo que de ella se tenga que decir.
Los adioses es una de las poquísimas películas nacionales que se han interesado por un personaje femenino de la cultura mexicana, tiene una directora una guionista y varias productoras mujeres, se centra en la vida de una mujer que es una figura y una leyenda de la literatura en México y estos aciertos necesitan ser dichos. Tiene un interesante manejo de los escenarios de la ciudad, un bello vestuario, excelente fotografía e iluminación y un sonido sobresaliente, cosa que es muy poco común en las películas de nuestro país. El sonido y las palabras son nítidas, claramente fraseadas, comprensibles en todo momento. El retrato, deliberadamente parcial, está basado en Cartas a Ricardo (publicadas en 1994) aunque intercalan también fragmentos de su prosa y poesía.
Partiendo de este entendido, me parece interesante el conflicto de la pareja: un Ricardo Guerra tradicionalista y envidioso del talento apabullante y la fluidez con la que Rosario enfrenta y vence las páginas en blanco; una Castellanos dividida entre la devoción apasionada que tiene por su marido y su vocación urgente por escribir. No está mal, ya dije que deja de fuera la mayor parte de los logros personales y públicos que tuvo Rosario Castellanos, pero tratando de ser objetiva puedo afirmar que es perfectamente válido elegir un sólo eje para narrar (sería inclusive imposible abordar todas las facetas de una vida, sobretodo una vida tan rica como la de esta protagonista), exceptuando por un detalle, una omisión que me parece fatal detrimento sobre la historia que Beristáin y Prudencio quisieron contar: Castellanos y Guerra se separaron definitivamente en 1970, firmaron su divorcio en 1971 y, como Rosario murió hasta 1974, ella vivió y murió libre de esa tormentosa relación, cosa que no se ve reflejada en la película. El final, ambiguo y precipitado, muestra a una Castellanos dividida, hablando por teléfono con el hombre que parece seguir siendo su marido, unos pocos momentos antes de morir.
No se sabe en qué circunstancias se desarrolló el trágico deceso, la película refiere apenas algunos datos de la absurda historia oficial, algo sí se sabe de Rosario, sin embargo: que un día se armó de valor y dejó a ese hombre macho, aunque lo amara, que un día eligió la escritura y -con ella como único patrimonio- se pudo ir a hacer su vida; que se eligió a sí misma como acto último de reivindicación y coherencia y el que Los adioses no lo haya dicho, es para mí el mayor de los errores, porque no todxs lxs espectadores llegarán a saberlo por su cuenta.
Celebro conocer a Castellanos, celebro su vida con la mía y su obra leyéndola, compartiéndola tanto y desde hace tanto, así que, a pesar de los pesares, las malas decisiones, los errores garrafales, tengo que confesar que me llena de alegría que un grupo de mujeres atrevidas haya retacado las salas de cine de nuestra ciudad con un poco de cultura, historia, morbo y una gotita dulce de poesía.