Los filos de la lástima: (una más contra la familia)

Somos la excepción a la excepción: el otro matrimonio, la otra familia, la preferencia “distinta”, la otra forma de vida, lxs otrxs, la otredad… Somos lo que nadie predijo, lo que nadie debe decir, lo que nadie había considerado, lxs que no estamos en los libros de texto, en la Biblia, en la foto familiar; nosotros no figuramos. Llevamos aquí el mismo tiempo que lleva la humanidad, hechxs del mismo barro, criadxs por las mismas personas heterosexuales y en muchos casos homofóbicas, crecimos en las mismas familias en las que de eso no se habla, fuimos a las mismas iglesias y nos enseñaron las mismas oraciones (Padre nuestro, Dulce madre, fruto de tu vientre, Jesús…), nos dijeron las mismas mentiras, nos hicieron creer sus mismas verdades y sin embargo aquí estamos: transgéneros, bisexuales, lesbianas, gays: nosotrxs.
El 17 de mayo pasado, en el marco del día internacional contra la homofobia, Peña Nieto propuso una reforma al artículo 4o constitucional que elevaría a nivel federal el matrimonio entre personas del mismo sexo y la adopción universal en nuestro país. Inmediatamente, la iglesia católica inició una nueva cruzada para desacreditar el matrimonio igualitario, a lxs LGBTT y de paso, la educación sexual en general. Lo grave del asunto es, una vez más, la enorme polarización de la ciudadanía, recrudecida por la proximidad de las 60 marchas “por la familia” que tendrán lugar en distintas ciudades de la república el próximo sábado (10 de septiembre).
Sentimos que tenemos que marchar, en favor o en contra de la familia tradicional, sentimos que tenemos que pronunciarnos, como lo hago yo aquí, ahora mismo.
Las familias, las “diversas” y las que no se aceptan a sí mismas como tales, discuten y se abanderan, mirando con sospecha a sus propixs amigxs y lo que vuelve a estar en el centro de la discusión es si el matrimonio entre hombres o mujeres es en realidad equiparable con el institucional, si lesbianas y gays (porque a lxs otrxs ni se les tiene en cuenta) somos seres íntegros y capaces, dignos aspirar a los mismos derechos. Lo que está en el centro es que seguimos discriminadxs, cuestionadxs, puestxs en ese otro lugar: en la silla en donde no quiere sentarse nadie, en la mayor parte de los casos ni siquiera nosotrxs mismxs.
Somos lxs indignxs, lxs degeneradxs, lxs enfermxs hay que proteger a lxs niñxs de nuestra influencia e ideología a las privilegiadas familias hegemónicas de nuestro ejemplo y proximidad: somos la peste. Nosotrxs que no hacemos las leyes, somos quienes lxs vulneramos. Nosotrxs que no hacemos los planes de estudio, somos quienes lxs invisibilizamos. Nosotrxs ignoradxs por el discurso, somos quienes lxs bombardeamos: Nosotrxs, homosexuales, bisexuales y transgénero, aplastamos (mediante gigántica aplanadora rosa) SU derecho a la DIFERENCIA.
A mí también me preocupan lxs niñxs y sus derechos. Me preocupa que en su nombre se esté llevando a cabo esta persecución, ridiculización y difamación de las personas LGBTT y de nuestras relaciones y vínculos. Me preocupa saber que en manos de semejantes fanáticos y retrógradas esté su educación y el destino de nuestro país. Me preocupa su vida porque muchxs de ellxs también serán bisexuales, homosexuales, transgénero y vivirán en un país donde un despliegue público de odio contra una población vulnerable sea tomado como libertad de expresión.
No voy a poner la bandera del arcoiris en mi ventana, en mi mano, en mi foto de perfil. No voy a pedirle a propixs ni extrañxs que se solidaricen conmigo ni que me dejen vivir. Yo no defiendo la familia. No creo en ella ni me interesa. Creo en la libertad individual y en la obligación de los gobiernos y lxs ciudadanxs de protegerla y respetarla. Soy libre de elegir cómo ser y cómo vivir. Libre de pecar si alguien aún cree que es pecado, de equivocarme si alguien cree que es un error, de condenarme si alguien cree que no tiene remedio y de no creerlo, como, de hecho, nunca les he creído. Libre para ser y para exigir respeto. Libre finalmente para derribar hasta los escombros los endebles límites de sus nociones afectivas: con mi bella aplanadora color de rosa…