Puro y bestial: Sobre las mujeres de letras y sus amores de cuatro patas (Tercera y última entrega: las gateras)

Detrás de cada hombre hay una gran mujer
y detrás de cada mujer hay un gran gato.
Helena Paz

Después de todo y mucho, llegamos por fin a la tercera y última edición sobre las mujeres de letras y sus amores de cuatro patas, dedicada por supuesto a las amantes de lxs mininxs.
Sigilosoxs e intrépidxs y semiferales, lxs gatxs son consideradxs la compañía ideal de mujeres independientes que disfrutan tener un peludo a su lado, sin sentir que depende de ellas totalmente, a la forma abnegada y maniática de los canes. Lxs gatxs han acompañado por muchos siglos a las mujeres de poder y por esa razón, unxs y otras han sufrido un similar destino: ser juzgadxs de caprichosxs, incomprensibles y hasta malignxs.
Durante la época de la inquisición medieval, se cometieron tantas quemas de brujas como de gatos y se llegó a afirmar que muchas de las primeras se metamorfoseaban en lxs segundxs para cometer sus fechorías.
Lxs gatxs tienen sin duda, un lugar muy importante en el imaginario antiguo y moderno por esa cualidad salvaje que lxs diferencia del resto de los animales de granja y las mascotas: ese halo de ferocidad y misterio, esa profunda displicencia con la que viven sus vidas propias en nuestras casas y frente a nuestros ojos.
Por supuesto, este pequeño acercamiento a la relación de gatxs y escritoras, no es ni exhaustiva ni única, pero estoy segura que, por lo menos, logrará provocarles algunas risas y suspiros a lxs tantxs lectorxs y escritorxs vivxs que gocen de convivir con un felino. Así que, sin más preámbulo, lxs dejo con estos curiosas estampas; gracias por la espera y -nuevamente- ¡bienvenidxs!

Doris Lessing

(1919- 2013)
Doris Lessing es una de las más grandes narradoras del siglo veinte y probablemente una de las autoras que más ventiló impúdicamente sus múltiples amores gatunos.
Fascinada desde niña por el temperamento gatuno, documentó
fotográficamente la vida de sus gatxs y su relación con ellxs a lo largo de toda una vida. Se retrató numerosas veces con el blanco y negro, la negra, la blanca y muchxs tigreadxs y escribió varias historias que lxs mininxs figuran y hasta protagonizan.
En ocasiones lxs gatxs de su literatura viven conflictos que emulan o recrean los humanos, historias entrañables de gatxs inconformes con sus vidas, gatas hartas de la maternidad y sus deberes, gatxs ancianxs o enfermxs puestos a dormir por la decisión de esx otrx con quien comparten la casa…
Particularly cats (1967) fue una primera compilación de cuentos, relatos y ensayos sobre gatxs, a la que siguieron Rufus the survivor, The old age of El Magnífico y finalmente On cats, publicada treinta años más tarde como una especie de tomo definitivo sobre el tema.
Su amor desbordado por estas criaturas conforma una parte inseparable de su vida, imagen y corpus literario. Doris Lessing: gatera apasionada y apasionante.

Patricia Highsmith

(1921- 1995)
Misántropa y solitaria, esta imperdible del género negro norteamericano gustaba casi exclusivamente de la compañía felina. Decía que su creatividad se frenaba totalmente cuando se veía obligada a hablar con otras personas, razón por la cual, una vez que pudo vivir de su escritura, no volvió a abandonar su casa más que para hacer las compras semanales.
Comía, escribía, bebía, fumaba y dormía con sus gatos. Sus favoritos eran los siameses y usualmente los llamaba con nombres de sus personajes. Sin embargo con Ripley, el más famoso de sus gatos, sucedió lo opuesto, fue él la inspiración para que nombrara así al protagonista de su famosa serie de cinco novelas, todas con el nombre del personaje en el título.
Sin parecer jamás una mujer hogareña, esta escritora eligió recluirse en su casa para poder realizar su labor creativa, pero no se confundan, ella no habitaba un estudio u oficina, ella se sintió cada día en familia, tanto que es la autora de la tan replicada frase: “A cat makes a house into a home”.

Amparo Dávila

(1928- )
Maestra del cuento y única sobreviviente de la generación del medio siglo mexicano, Amparo Dávila es una de las autoras que en esta lista no podrían faltar. Gatera de nacimiento, ha tenido tantos como su casi centenaria existencia le ha permitido. Su rostro, de rasgos felinos y enormes ojos, fue inmortalizado en numerosas fotografías con su mascota en turno.
Amparo Dávila ha bautizado a la mayoría de sus gatxs con nombres de ríos grandes, caudalosos e intempestivos, ya que es así como le parecen estas criaturas y ha dicho, además, que ambas fuerzas de la naturaleza son las que le parecen más bellas y apasionantes.
Su literatura en cambio, parece ambivalente al respecto; en ella los gatos junto con los demás animales, parecen vigilantes mudos, siniestros y misteriosos que provocan desconfianza y en ocasiones, terror.
Juan José Arreola, que fue por muchos años su vecino, comentó en varias oportunidades que cada vez que pasó a visitarla había algún gato cerca de la máquina de escribir y que eran ellxs, probablemente, lxs verdaderxs autorxs de los misteriosos textos de Dávila. Ella, ni ellxs han declarado nunca nada al respecto.

Alejandra Pizarnik

(1936- 1972)
A pesar de su desesperación, su profunda depresión, su rechazo por la vida y por lxs vivxs, Pizarnik nunca dejó de amar a lxs gatxs y exceptuando los momentos más álgidos de su enfermedad, siempre tuvo algunx a quien llamar suyo.
En la mucha correspondencia que intercambió Pizarnik con Silvina Ocampo (también poeta y de quien estaba irremediablemente enamorada), hablaban constantemente de sus respectivxs gatxs, sus mañas y monerías y de sus distintas personalidades. Inclusive en algunas ocasiones acompañaron las misivas con fotos de ellas y sus mascotas con la excusa de conocerlxs y prolongaron así esta apasionada aventura epistolar de la que tan mal librada habría de salir Alejandra.
También con su amigo Julio Cortázar compartía la fascinación por estos animales y no pocas veces dedicaron parte de su charla y correspondencia al mismo tema.
Aunque en su poesía intimista rara vez aparece algo distinto de las proyecciones de su deseo y pensamiento, en La condesa sangrienta, único texto narrativo de su autoría, Pizarnik da un lugar importante a los felinos a quienes relaciona con la magia negra y el vampirismo: “Envíame noventa gatos, Tú, Suprema Soberana de los gatos. Ordénales que se reúnan viniendo de todos los lugares donde moran, de las montañas, de las aguas, de los ríos, del agua de los techos y del agua de los océanos. Diles que vengan rápido a morder el corazón de…” Tal vez estos emisarios hayan ablandado, mágica y ficcionalmente, los corazones de otras silvinas amadas, esta vez, inefablemente suyas.

Elena Garro

(1916- 1998) y

Helena Paz

(1939- 2014)
El gusto de Elena Garro por los gatos fue introducido por su amada e inseparable hija Helena Paz y no viceversa, como muchxs podrían equivocadamente pensar. De niña, Garro convivió con perros que le fueron, en general, indiferentes y en los años que vivió con Paz no tuvieron unxs ni otrxs porque a él no le gustaban. Helena en cambio los adoró desde niña y una vez que sus padres se separaron, la inició en una afición compartida que les duraría el resto de la vida.
Las dos (h)elenas aparecen retratadas juntas o por aparte con muchxs de lxs que fueron sus gatxs favoritos en el tiempo que vivieron en Francia, España y Estados Unidos. Pero fue hasta que volvieron a México en 1993 que pudieron dar rienda suelta a su pasión desenfrenada y adoptar cuantos especímenes quisieron.
La poesía de Helena Paz está llena de imágenes y metáforas relacionadas con los gatos y se dice que Garro terminó definitivamente su larga y tormentosa relación con Bioy Casares cuando este le perdió a una de sus gatas.
Años después de la muerte de su madre, Helena Paz tuvo que deshacerse de sus 36 gatos para poder ingresar al asilo donde murió. Si hay gatxs en el cielo, poco a poco las irán alcanzando allá donde no tendrán que separarse más nunca.

Rita Mae Brown

(1944- )
Cerramos con broche de oro esta serie trayendo a cuenta a la más célebre gatera y la más reconocida de las gathijas: Rita Mae Brown y Sneaky Pie Brown.
Esta autora y su gata han escrito tantos libros juntxs que se puede decir que ella es sin lugar a dudas la gata más prolífica de la literatura y supera por mucho a algunxs escritorxs humanxs.
Rita Mae Brown era una reconocida escritora, guionista y amante de lxs gatxs, pero no es hasta 1990 cuando ella y la joven rayada decidieron asociarse y escribir una serie de novelas de misterio, que ambas saltaron universalmente a la fama.
La protagonista de esta colección de veintiséis números es ni más ni menos que una gata llamada Mrs. Murphy y que se cree es el alter ego de la propia Sneaky Pie.
Juntas, Rita Mae Brown y su talentosa hija adoptiva, han roto juntas las barreras del género y la especie para regalarnos horas interminables de entretenimiento y placeres literarios.
Queridxs lectorxs: espero de corazón que hayan disfrutado esta pequeña serie en compañía de sus amadxs e inseparables perrxs y gatxs, que la espera haya valido la pena y que nos encontremos en la siguiente actualización.