8 de marzo

Para ellas que no nos representan…

Cada año la misma vaina. Cada año la misma mierda. Cada año su llanto eterno por “los monumentos”. Cada año su súbita compasión por las personas de la limpieza, sobre todo “la señora de la limpieza”, esa que se imaginan e inventan tan misógina como ustedes. Son tan aburridos, son tan tendenciosos. Cada año, varias veces al año, los fanáticos del fútbol rompen, rayan, se golpean y pelean; a veces inclusive se matan entre sí o violan mujeres. A nadie se le ha ocurrido suspender del todo los partidos de futbol, prohibirlos, amurallar los estadios o hablar en contra de todas las personas que gustan de este deporte.

En la gran mayoría de las marchas que se llevan a cabo en este país hay pintas, vandalismo y basura, ocasionalmente violencia, de la que usualmente se culpa más a los represores que a los involucrados en la protesta. En los varios plantones que el ahora presidente de México convocó hubo violencia, vandalismo, ruido y desorden, pero en su momento él y sus seguidores lo vieron como un mal necesario. Nada parece traer tanta contrariedad y descalificación en la sociedad mexicana como la lucha de las mujeres.

Nótese: no es que las mujeres no participen en los actos violentos y/o vandálicos que he mencionado como ejemplo, sólo que no lo hacen a título personal y parece que eso es lo que encuentran más criticable. Culturalmente hay un entendido: las mujeres no podemos protestar y, si lo hacemos, debe ser de cualquier otra cosa menos de nuestra propia opresión. No es en sí que lo hagamos el 8 de marzo, que lo hagamos con pañuelos o flores; no les importa lo que destruimos ni lo que rayamos, es su excusa: lo que realmente les indigna es nuestra rabia organizada y nuestra voluntad de desmantelar este sistema antimujeres que se extiende a lo largo de los sexenios y los partidos sin excepción.

A este odio se suma hoy el miedo de muchos y muchas que antes hablaron de derechos de las mujeres y que hoy tienen miedo de pronunciarse porque se sienten traidorxs a la 4T. Desde su punto de vista todo señalamiento a los errores de esta administración, es un signo ineludible de ser opositor y detractor, por lo tanto, de derechas.

Mientras, las que se van quedando solas son estas guerreras de veinte años:  

las feministas que nacieron en la era del feminicidio y que están furiosas porque conocen personalmente a las víctimas. Estas que rompen, rayan, corren y ponen el cuerpo y la integridad para escribir los nombres de Tania, Valeria, Jessica, Tamara, Karen, Gabriela y todas las que fueron sus amigas, hermanas, novias, compañeras de escuela y de lucha. Mientras las que reciben el odio de los hombres, de los medios y de los políticos son ellas. Las que reciben los petardos, los gases, los balazos y los golpes de la policía, son ellas. Las que son minimizadas y rechazadas por otras mujeres que no se sienten representadas y por otras feministas que piensan que hay formas mejores aunque no saben cuáles: son ellas. Ellas que no piden nada mas que el mínimo acto de empatía y de justicia, aunque nunca la hayan conocido. Tantitita vergüenza.