Narrar el abuso - Artemisa Téllez

Narrar el abuso (Primera parte)

Definición
Abuso es usar inapropiadamente o en exceso algo: una cosa, una palabra, una sustancia… Abuso es usar a las personas. Servirnos de ellas para propósitos oscuros, incorrectos, egoístas: aprovechar sus cuerpos o sus partes, su tiempo, sus ideas o conocimientos, su potencia de trabajo, sus emociones, sentimientos, creencias; su predilección, admiración, afecto por nosotrxs para manipularlxs y obtener de ellxs lo que queremos. Abusar es también todo exceso en el ejercicio del poder.
Cuando somos pequeñxs, vivimos propensxs al abuso por parte de lxs mayores (niñxs y adultxs) y de autoridades familiares (madre, padre, hermanxs mayores, abuelxs y tíxs) y extrafamiliares (profesorxs, familiares de amigxs, ministrxs de nuestra iglesia).
Tipos de abuso
El abuso puede ser explícito para ambas partes, como cuando hay golpes, insultos, explotación sexual o laboral, tortura física o psicológica, humillación, despojo u otras formas evidentes de maltrato. Sin embargo el abuso y su sintomatología pueden estar presentes en relaciones que parecen plenas y constructivas y, por tanto, sus consecuencias manifiestas en la vida cotidiana de quien experimentó este “abuso velado”, parecen no tener ninguna explicación.
Un “abuso velado” puede ser por ejemplo, la imposición de dietas, horarios, reglas de etiqueta, creencias o prácticas religiosas con las que la persona no se identifica o en las que se encuentra permanentemente incómodx. Otra pueden ser bromas, apodos o críticas leves (de esas que no prenderían el “foco rojo” de nadie) dirigidas a la conducta, apariencia, personalidad de alguien. También la negación y/o el retiro del apoyo, el afecto y sus manifestaciones; el perfeccionismo (“esperaba más de ti”), la dependencia y la sobreprotección.
En fin, que no hay una sola persona en el mundo que lleguemos a la edad adulta sin que tengamos que lidiar con el trauma del abuso y sus secuelas. Nuestrxs familiares y educadorxs, por más amorosos que sean, dejan en nosotrxs la estela de sus propios miedos y sus defectos de carácter. Luego viene la pareja, lxs amigxs, compañerxs de trabajo, familia política, hijxs, jefxs… La lista se acrecienta y nosotrxs, tan lastimadxs, lo único que sabemos hacer es seguir sufriendo, reaccionando y devolviendo a los demás nuestra propia inseguridad convertida una vez más en abuso.
Stop! Stop! Stooop!!! Ya no juego. i¿Qué caso tiene seguir? y, además, ¿Qué tiene todo esto que ver con escritura y/o literatura?! (porque aunque a veces no lo parezca, de eso la gira este blog). Pues mucho: la escritura es un arma fundamental para descubrir-detener-neutralizar-exorcizar los abusos y sobretodo para ayudar a sanar a quienes los recibimos.
¿De qué sirve narrar el abuso?
Narrar el abuso sirve en primera instancia para tres cosas: identificarlo, denunciarlo y sacarlo de mi sistema.
1.- Identificar: El abuso, como dijimos antes, no siempre es algo evidente ni para quien lo recibe ni para quien lo ejerce. En muchos casos se encuentra confundido o disimulado con actitudes más aceptables como las “bromas pesadas”, los consejos o la educación en sí. Identificar el abuso se vuelve entonces muy difícil, sobre todo si hay otrxs (hermanxs, primxs, compañerxs) que habiendo vivido lo mismo, no lo experimentaron de la misma forma. Escribir la propia experiencia pone en evidencia el malestar que se vivó o se vive y nos permite comprender y compartir nuestras motivaciones. Narrar nos obliga a sumergirnos en la vivencia, a bucear en su origen y en sus posibilidades y nos regala una perspectiva doble y privilegiada: el de narrador/a (ajenx, adultx, exterior) y el de personaje (implicado, subjetivo, emocional e interior). Esto no podría darse del mismo modo en una charla, ni siquiera en una terapia oral, ya que en todo momento estamos sujetxs a nuestra unicidad: yo soy yo, igual y equivalente a mí misma y, por tanto, sujeta a una sola forma de ver las cosas (en el caso del abuso, desde la postura de la víctima).
… Continúa la próxima semana… iNo te la pierdas!