La marca en la frente

Aunque sé que muchxs de ustedes apenas se están organizando para recabar firmas, el primero de diciembre la Editorial Drácena dio finalmente la orden de retirar la fajilla que acompañaba su edición de Reencuentro de personajes de Elena Garro.
La consabida descripción (esposa, amante y musa de…) además de androcéntrica y misógina, reduce a una de las más perfectas narradoras de la literatura mexicana a una biografía interesante y relativamente escandalosa, porque su obra, no fue siquiera mencionada.
Después de la referida orden de retiro, la editorial dijo que sólo buscaba poner en contexto la obra y época de la autora.
Sin embargo, el error se borra y el horror persiste. Pocxs saben que la solapa de la misma edición contiene una reseña cargada de aseveraciones del mismo estilo y esa sigue y seguirá circulando de manera desapercibida e impune hasta que se termine la edición. Es que querer revertir lo hecho es querer tapar el sol con un dedo: la industria editorial, las instancias tanto académicas como culturales y el gremio en sí siguen siendo un espacio donde las mujeres son discriminadas y tasadas en función de sus relaciones reales o supuestas con los señores hacedores de cultura. Las mujeres escritoras, críticas e investigadoras literarias no tienen el mismo peso ni son reconocidas o validadas de la misma manera por las instituciones. Retirar esa fajilla no responde mas que a una cuestión de relaciones públicas y de mercadotecnia. Lo fundamental, sería aprovechar esta coyuntura para que las universidades, las editoriales, los medios de comunicación, lxs gestorxs y críticxs hicieran un examen en cuánto y de qué manera se aborda el trabajo de las mujeres y a qué intereses sirve el que, aún a mediados de la segunda década del siglo veintiuno, las vidas sexuales, familiares y afectivas de las autoras terminen por eclipsar sus obras.
El amiguismo literario y académico sigue funcionando con la misma estructura básica de la pandilla callejera: el cabecilla decide por lxs demás quién merece pertenecer al grupo y quién debe de ser aniquiladx. Elena Garro fue señalada por uno de los líderes culturales más tiránicos que hemos tenido en México. Su estigma sigue brillando sobre la frente de ella que, en medio de la celebración del centenario de su nacimiento, sigue siendo socavada por lxs implacables cómplices del establishment priísta.
De Elena Garro nos corresponde conocerla por sus maravillosas novelas, sus inolvidables obras de teatro y sus fascinantes cuentos fantásticos. Reconocerla por su crítica a todas las formas de opresión, por su denuncia del abuso, la persecución y la miseria; por la lucidez de su narrativa, la poesía de sus imágenes y la claridad de sus retratos de la mexicanidad. Su obra hay que leerla, comprenderla, estudiarla, representarla, difundirla, hacerla propia. Y a ella, la Elena de carne y hueso, correspondería, por compasión, olvidarla. A sus lectorxs, en todo el mundo, nos queda la tarea de aprender de ella, de cuestionar el lugar que queremos ocupar dentro de esta vida cultural oligárquica y machista.
Desde mi punto de vista, firmar una petición para que se retire la infame fajilla, logra cumplir los intereses del aparato que queremos criticar, es sólo esconder el polvo bajo la alfombra: la mugre sigue estando ahí, invisible.
Lo mínimo que merece la novela de Garro es que se retire la edición y se vuelva a hacer con el debido aparato crítico. Lo mínimo que merecemos sus lectorxs es que su libro hable únicamente de ella y adecuadamente de su contenido. Lo mínimo que merecemos ambxs es una disculpa pública y un compromiso por parte de la editorial y de otras editoriales de tomar esto como un botón de muestra de esta situación que necesita ser constantemente denunciada, revisada y corregida porque yo no me quedó conforme con que se arranque la cintilla y sigamos adelante con los festejos como si lo que hubiera pasado hubiese sido sólo un chiste de mal gusto adecuado para la camaradería, la superficial indignación y la manufactura de ingeniosos memes para compartir en las redes sociales.
Para quienes no han leído aún la obra de Elena Garro, dejo esta aseveración inequívoca: cada día es otro desperdiciado. Y para quienes desconocen el contenido de la horrorosa solapa, acá se las dejo:

Reencuentro de personajes germina del odio que Elena Garro le profesó desde su divorcio y de la forma más irritante posible a su exmarido, el Premio Nobel Octavio Paz. Un rencor que extendió a toda una clase social: la aristocracia mexicana, tan desdeñosa y misógina entonces. Pero, como tal rencor, no podía ser sino una torturadora obsesión que, para poder desfogarse en plenitud, tuvo que envolverse en las máscaras de este insólito relato.
Narrado como a tientas, Reencuentro de personajes nos sumerge en una atmósfera asfixiante, donde se adivina, a cada paso, el hálito sofocante de una sexualidad morbosa y, a la vez, extraviada en algún punto anterior a la primera línea de la novela. Y mientras avanzamos intrigados por descubrir ese momento original, acabamos presos, como su protagonista, de un conciliábulo de fantoches, sometidos entre sí por la mera abyección sexual o por el más sórdido de los chantajes.
En definitiva, Reencuentro de personajes es un relato agónico y pasmoso sobre el envenenado pudridero en que pueden convertirse las ilusiones truncadas y los prejuicios de clase.