Desorientación - Artemisa Téllez

Desorientación vocacional y otras desgracias culturales

¿Quieres exponer? ¿Das cursos o talleres literarios, musicales, teatrales, dancísticos o plásticos? ¿Tienes ya montada una obra de teatro? ¿Quieres presentar un libro, dar un recital, hacer una lectura, performance o concierto? Pues no lo hagas. A menos que conozcas a alguien que de antemano “te preste” su lugar, así: “en buena onda”, “como cuácharas” o tengas suficiente dinero como para pagar por trabajar.
Resulta que en nuestro país los centros culturales tienen los horarios culturales (5-9 PM) totalmente ocupados por clases de salsa, yoga, zumba; cursitos de ángeles, inglés, computación y tarot y no, no pueden cancelarlos para hacer una de las actividades antes mencionadas. Los otros los museos-casa, las casas de la cultura privadas que pertenecen a particulares o fundaciones cobran una renta por hora para utilizar sus espacios, usualmente monopolizados por bodas, cumpleaños, recepciones de graduación, conferencias de imagen, marketing, negocios o finanzas. En nuestro país, las casas de la cultura, no están para servirla y han roto deliberadamente todo vínculo con el grupo deleznable que sigue insistiendo en ella: lxs artistas.
El discurso que prevalece es que las casas de cultura del gobierno se han visto “orilladas” a modificar su oferta porque necesitan obtener recursos para sostenerse. El discurso de las privadas es que “de algo tienen que sobrevivir”. Estimadxs directorxs, gestorxs, administradorxs de estos centros: ¿Dónde está el presupuesto gubernamental de cultura destinado a las casas públicas o subsidiadas? ¿Dónde está el apoyo de las becas, fideicomisos y las fundaciones? ¿Debemos lxs artistas y el público pagar la totalidad de las actividades? y sobre todo, entonces, ¿para qué existen ustedes y sus espacios?
Lxs hacedores de cultura; insaciables, necixs, inextinguibles, nos hemos movido (o ahí sí fuimos “orilladxs”) hacia otros espacios: parques, cafeterías, bares, antros, casas abandonadas que carecen de acondicionamiento, nombre, difusión y público.
En una sociedad que se desmorona frente al hambre, el narcotráfico, la ignorancia, la violencia sistemática y el abuso de poder, no es necesario, sino vital, tener espacios de reflexión, educación, sensibilización y crecimiento. Los centros culturales fueron creados para ser puntos de reunión entre vecinxs, semillero de generaciones mejores, y telares que reestructuren el tan dañado tejido social. La pauperización de estos centros por parte de las autoridades gubernamentales y la cooptación de otros por grupos en los que prevalecen el mercantilismo y el amiguismo son una estrategia dirigida para extinguir y acotar la vastísima producción artística de nuestro país.
Lxs artistas debemos exigir estos espacios, pedirlos de vuelta de este secuestro, denunciar este exilio injustificado; pero sobretodo comprender que no somos nosotrxs (pobretonxs, idealistas…) quienes hemos perdido el rumbo, la coherencia, la cordura, la vocación.